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el_poder_de_las_ideas._claves_para_entender_el_siglo_xxi

Grayling, A. C. "El poder de las ideas. Claves para entender el siglo XXI". Barcelona: Ariel

“Jeremy Benthan, que escribió a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, argumentaba que el punto clave a la hora de abordar el estatus moral de los animales es el hecho de que éstos son susceptibles de sufrimiento, lo que nos plantea la exigencia de tratarles con respeto moral. Esta idea es la que ha inspirado a Peter Singer, el principal defensor contemporáneo de los derechos de los animales, quien sostiene que la capacidad de sufrimiento (y consecuentemente de disfrute) de un animal lo sitúa en pie de igualdad con todos los demás animales que poseen esa misma capacidad, incluidos los seres humanos. Tradicionalmente, el lenguaje y la racionalidad se han considerado los rasgos delimitadores que sitúan a los humanos por encima de los otros animales no sólo en la escala del ser, sino también (y por ende) en la del valor moral; la visión de Benthan-Singer parte de la premisa de que el factor clave no es el lenguaje y la racionalidad, sino la capacidad de sentir. (…)

Quienes critican los derechos de los animales sostienen que, dado que éstos no pueden establecer contratos sociales entre sí, en el sentido de reconocer y aceptar obligaciones y deberes mutuos, y dado que no pueden tomar decisiones morales, no son sujetos susceptibles de ser incluidos en la esfera del pensamiento moral, salvo, en el mejor de los casos, en un sentido secundario, planteando a los humanos sólo la mínima exigencia de tratarlos de forma “humanitaria” cuando resulte apropiado.

Esta visión se basa en el error de creer que sólo los seres que pueden tener y reconocer deberes pueden tener también derechos. Y el error, a su vez, se basa en la idea de considerar los deberes y los derechos como el anverso y el reverso de una misma moneda. Que esto resulta incorrecto lo muestra el hecho de que reconozcamos derechos a los niños y a los ancianos dementes a pesar de que ni unos ni otros tienen deberes; y no sólo porque, respectivamente, los tendrán en el futuro o los tuvieron en el pasado, sino porque ciertos hechos y cualidades que se les aplican nos hacen verlos como sujetos adecuados de consideración moral por derecho propio. Ello implica una distinción entre “agentes morales” y “pacientes morales”: los primeros son los que tienen y reconocen deberes morales y son responsables del ejercicio de estos, mientras que los segundos son aquellos entes a quienes, o a los que, se destinan algunos de los deberes de los agentes morales. Obviamente, todos los agentes morales son también pacientes morales, pero no a la inversa. Un pollo, por ser capaz de experimentar temor y sufrimiento, es un paciente moral, pero, evidentemente, no un agente moral. El crítico de los derechos de los animales que afirma que sólo quienes tienen deberes merecen consideración moral está restringiendo el grupo de los pacientes morales única y exclusivamente al de los agentes morales. Pero eso es una condición, no un argumento, y además carece de fundamentos sólidos”.

el_poder_de_las_ideas._claves_para_entender_el_siglo_xxi.txt · Last modified: 2019/02/15 15:30 (external edit)